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Martes, Octubre 24, 2017
   
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CUARESMA 2012


¿Receta para ser feliz?

En esta madrugada, curiosamente, después de meditar los textos bíblicos que nos propone la comunidad eclesial en este cuarto viernes de Cuaresma (Sabiduría 2, 1. 12-22 y Juan 7, 1-2. 10. 25-30, en http://www.lecturadeldia.com), me dispuse a leer un artículo que me enviaron por correo electrónico que fue publicado a principios de este mes por "Ideas para vivir mejor" en su página en la red (ideasvida.wordpress.com) titulado sugestivamente "En Harvard se aprende a ser feliz", en el que se hace eco, entre otras cosas, de un curso famoso que se imparte en esa prestigiosa universidad norteamericana que se llama "Mayor felicidad" y presenta algunos consejos para mejorar la calidad del estado de la vida personal.

Entre estos consejos están practicar ejercicios diarios por lo menos por 30 minutos, desayunar bien, sonreír, saludar y ser amable con los demás, ser asertivo, sentirse agradecido, privilegiar los recuerdos bonitos, escuchar música, no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy, invertir el dinero más en experiencias de viajes y estudios que en cosas, etc...

El contraste entre las dos lecturas realizadas fue fuerte. Ojalá que llevemos a la práctica los consejos anteriores, son buenos. Pero, definitivamente, el cristiano no puede conformarse con ellos. Es invitado a ser feliz de otro modo menos "light".

La Palabra de Dios del día de hoy nos pone de relieve que para el cristiano el conflicto es inevitable. No porque estemos llamados a ser incordios, roca izquierda o gente antisocial incapaz de establecer empatía. Ni mucho menos por creer que pertenecemos al supuesto reducido anillo de los únicos en el mundo que serán salvados.

El conflicto llega porque, como nos sugiere el libro de la Sabiduría, al experimentar que tenemos por Padre a Dios (o por Madre tierna que no se olvida de su criatura según Isaías 49,15)  y que somos sus hijos e hijas queridos y queridas, nuestro modo de proceder y de pensar en la vida nunca será el mismo.

Un modo de proceder que ve en el prójimo a su hermano y hermana, hijos e hijas de un mismo Padre/Madre, con igual dignidad y libertad. Que se siente llamado a trabajar por una sociedad más justa. Que se aparta del pecado y de la maldad. Que trata de vivir la ley más grande del amor. Que ora para buscar, hallar y cumplir, en los ocultos designios de Dios, su voluntad aquí en la tierra como en el cielo.

Pero vivir esto no es fácil. Nos trae conflictos. Luchas internas y externas en dosis cotidianas.

Un modo de vida así, provoca a los que están cómodos, ensimismados en su burbuja autocomplaciente y discriminante, de poder y placer desordenados, y que le hace decir del cristiano que "nos molesta y se opone a lo que hacemos; nos echa en cara nuestras violaciones a la ley, nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados...ha llegado a convertirse en un vivo reproche de nuestro modo de pensar y su sola presencia es insufrible, porque lleva una vida distinta de los demás y su conducta es extraña. Nos considera como monedas falsas y se aparta de nuestro modo de vivir como de las inmundicias...tendamos una trampa...sometámoslo a la humillación y a la tortura...condenémoslo a muerte ignominiosa" (Cfr.: Sabiduría 2, 12-22).

No por casualidad vemos en el Evangelio que "los jefes" políticos y religiosos, los que se creen que se las saben todas, los cómodos con sus vidas, los que andan con audífonos puestos para vivir en un mundo aparte de la realidad hiriente de la pobreza y el hambre de la tierra, los que viven a costas de los demás abusando y robando, buscan a Jesús para echarle mano y matarlo. Salir de él, quitarlo de en medio. Es un hombre demasiado libre, sin frenos ni bozal, que anuncia y denuncia el mensaje del Padre que lo envía. Un mensaje extremadamente simple, un mensaje que sin su propia ayuda es demasiado difícil de vivir.

Nosotros creemos que en seguir a Jesucristo está la felicidad, la alegría y la paz verdadera. Aunque, tomar postura debajo de su bandera, no nos ahorrará sufrimientos. Sin embargo, aprendemos que lo que se opone a la paz, a la alegría y a la felicidad verdadera no es el sufrimiento que provocan las tormentas. Es la tristeza de andar con miedos y ser esclavos.

 
Por:  Henry Rosa Polanco