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Martes, Octubre 24, 2017
   
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Haiti: La historia de nunca acabar

HAITI: LA HISTORIA DE NUNCA ACABAR

Por P. José Israel Peguero

El terremoto que redujo Puerto Príncipe a escombros y mato más de 170 mil personas, es sólo el último de una larga serie de desastres, catástrofes y tragedias, que durante siglos han asolado Haití sembrando muerte y desolación en una tierra, una vez conocida como "la perla de las Antillas"  pues fue la colonia más rica de Europa en el Nuevo Mundo. El mayor exportador mundial de azúcar, gracias a la labor de medio millón de esclavos negros importados de África, dando enormes beneficios para los colonos blancos.
La historia de Haití es una tragedia sin fin. El colonialismo, la esclavitud, la rebelión y la represión salvaje, la conflictividad social, las dictaduras implacables, la corrupción, las crisis políticas, los conflictos civiles, todo ello mezclado con ingredientes de azufre y de vodú o por medio de los actos de violencia cometidos por una fuerza de policía que escapa a todo control. Quién puede olvidar a los siniestros Tonton Macoutes, del dictador François Duvalier llamado "Papa Doc" que hizo de Haití la el nación más pobre de las América?
Fue en esta tierra  golpeada por siglos por una especie de maldición, que el 12 de enero un terrible terremoto  destruyó su capital Port-au-Prince, arrasando los palacios del poder (el Parlamento, el Palacio de Gobierno, la sede de la misión de la ONU), escuelas y hospitales, iglesias, hoteles, la cárcel, la Oficina de Impuestos, el cuartel, etc.
Siendo realista, se podría decir que para Haití, el primer desastre llegó con Cristóbal Colon, que desembarcó un 6 de diciembre del 1492 en una bahía en el noroeste de la isla que él llamó "La Española" y que los franceses llamaron " Santo Domingo." En 1697, con el Tratado de Ryswick, Francia y España, se dividieron la isla: Los franceses con la parte occidental (Haití) y los Españole  con la parte oriental (hoy República Dominicana). Los nativos indígenas fueron  exterminados en poco tiempo: unos por la viruela y otras enfermedades traídas por los europeos, otros a causa de la fatiga y el agotamiento de los trabajos forzados a los que les obligaron  los invasores. Los  franceses, que introdujeron la cultura del café, el algodón y, especialmente, la caña de azúcar, con cientos de barcos cargados de negros esclavos. En el período de mayor prosperidad (1700), el pueblo haitiano tenía más de medio millón de negros esclavos, pero sólo unos pocos miles de mulatos y menos de 40 mil blancos.
En agosto de 1791, en medio de la Revolución  Francesa estalló en Haití, la primera revuelta de esclavos. Dos años más tarde (agosto de 1793), el Convenio de París proclama la  abolición de la esclavitud. Un hombre negro, Toussaint Louverture, se convierte en el hombre fuerte de Haití, e incluso puede anexar la parte española de la isla. Pero Napoleón,  proclamado emperador en 1802, no tolera la idea de que la "Perla de las Antillas" puede separarse de Francia. Toussaint Louverture, engañado va a  París, donde he detenido y encarcelado para morir de frío y de hambre en 1803. Para financiar la operación, Napoleón no dudó en vender la Louisiana a los Estados Unidos. La expedición  fracasa miserablemente, con una amarga derrota de las tropas de Napoleón. Los colonos franceses blancos abandonaron la isla. Hombres, mujeres y niños fueron masacrados por los antiguos esclavos enojados y el General Jean-Jacques Dessalines, líder de los negros, proclama la independencia de Haití el 1 de enero de 1804 coronándose emperador el 8 de octubre de ese año. Haití se convierte así  en el primer estado "negro" en el mundo independiente, y el segundo país (después de Estados Unidos), independiente de las Américas.
Se podría haber  comenzado  una historia  edificante con el primer país "negro" libre y democrático, un país celoso de su independencia y sus propias especificidades. En cambio, desde 1804 hasta hoy, el destino de Haití se ha caracterizado por una serie interminable de desastres, catástrofes y tragedias, tanto naturales como de políticas sociales, que durante los últimos dos siglos sólo han hecho hundir en la pobreza a los haitianos.

Duró 15 años  la cruel dictadura de François Duvalier, gobernó con mano de hierro, entre la corrupción y el terror. A su muerte fue sucedido por su hijo Jean-Claude, de 19 años, conocido como “Baby Doc ", que a primera vista parecía inspirado en las aspiraciones liberales y democráticas, pero pronto sigue los pasos de su padre. Derrocado por un golpe militar en 1986, Baby Doc huyó a Francia. Este hecho da paso a una figura carismática nueva, la de Jean-Bertrand Aristide, un sacerdote salesiano vinculado a la teología de la liberación. Su elección como presidente de la República en 1991 despierta grandes esperanzas, esperanzas que duraron muy poco. Derrocado por un golpe de estado se refugia en los Estados Unidos que lo devuelve al poder en 2000 para de nuevo exiliarse a África en 2004 hasta hoy. Inmediatamente después del terremoto, de Sudáfrica, donde vive, dijo que estaba listo para regresar  para ayudar a aliviar el sufrimiento de sus compatriotas miserables. Pero tiene pocas posibilidades de ser escuchados, dado el mal recuerdo que como sacerdote-presidente ha dejado a los haitianos.
El problema más urgente,  es la reconstrucción. Los americanos están dispuestos. Pero no ha gustado mucho a todos, especialmente los franceses, que no quería presentarse a sí mismos como los salvadores de su antigua colonia, pero, evidentemente, no tienen los medios.